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San Miguel
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258 M€

Desde sus inicios, San Miguel ha sido una marca dual. Nacida en Filipinas, pero criada y evolucionada en España, su acentuado carácter internacional le sirve como base para su posicionamiento actual, su comunicación y su activación de cara al mundo.

Si hace unos años San Miguel giraba en torno a “Ciudadanos de un lugar llamado mundo”, en la actualidad, el foco es más internacional y aspiracional: “Exploring the world since 1890”. Lo vemos en campañas como Food Explorers, que pasó de recopilar recetas internacionales que maridaban con la cerveza a profundizar hacia un storytelling más potente: dos exploradores, embajadores de marca, descubren la gastronomía y maridaje típicos de Filipinas (cerrando así el círculo con el origen de San Miguel) o de Finlandia, uno de los países donde la marca está cosechando mejores datos de facturación internacional junto a Reino Unido, Italia o Portugal.

Asimismo, ese deseo de explorar se traduce en innovación no sólo de producto, sino también de momentos de consumo, como San Miguel 0,0 Isotónica, ideada para hidratarse y recuperarse después del deporte.

Sin embargo, pese a los esfuerzos de la marca por vincularse con determinadas ciudades -en Málaga, por ejemplo, a través del patrocinio del equipo de fútbol o de la campaña “50 años siendo boquerones”, que celebró los 50 años de la fábrica en la ciudad-, se percibe cierto grado de deslocalización que complica un mayor nivel de entendimiento e interacción con la marca.

A buen seguro, San Miguel ha encontrado sus mercados y juega su rol dentro de la estrategia del grupo Mahou San Miguel, pero debe reforzar su vínculo con el mercado español.

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